Sin duda, todo un ilustre de la categoría. Uno de los pioneros, allá por la segunda mitad de los años noventa, que nos dijo adiós a comienzos de 2015. En su lugar y aunque no podamos considerarlo su sucesor directo, la firma británica puso en liza en Land Rover Discovery Sport. 

Con 4,50 metros de longitud y unos 30.000 euros de precio de partida, dio la cara hasta el final. En la última fase, introdujo una versión de tracción delantera y cambio manual (eD4), bastante eficaz y frugal, aunque siempre hizo de las cuatro ruedas motrices su principal reclamo. 

Respecto a la gama de propulsores, no se complicaba demasiado, ya que contaba con un único bloque turbodiésel, de 2,2 litros de cilindrada, que ofrecía 150 y 190 CV. La transmisión automática con convertidor de par, de seis marchas, solo era de serie en el más potente.