De este superdeportivo podíamos decir muchas cosas. Pero nos quedaremos con una: el Porsche 911 GT2 nació como la versión de competición del Porsche 911 Turbo de la época. Frente a él, prescindía de la tracción total, lo que le permitía ser más ligero y eficaz en circuito.

Respecto a su motor, optaba por una mecánica 3.6 biturbo de gasolina, con arquitectura seis cilindros bóxer y 430 CV de potencia. Una cifra que le permitía lucir unas prestaciones estratosféricas... solo aptas para auténticos pilotos. De hecho, esta unidad se accidentó en el trazado de Nürburgring...

Tras ser reparado por completo, se vendió por casi 850.000 euros.