En invierno, la baja temperatura, la humedad y, sobre todo, los asfaltos nevados y con hielo, pueden hacer que tu coche patine con facilidad. 

Por eso, es importante anticiparse a posibles situaciones de riesgo, evitando los volantazos bruscos. Y si tratar con suavidad el volante es importante, todavía lo es más no realizar frenadas bruscas, ya que sobre superficies heladas, la distancia de detención puede alargarse hasta 10 veces más que sobre asfalto seco, lo que puede provocar que el coche se desestabilice con mucha facilidad.

En estas circunstancias, utilizar el freno motor para que el coche pierda velocidad de forma progresiva, suele ser la mejor idea.