Cuidado con el frío y las costosas reparaciones que puede exigir en el coche.

Con la llegada del invierno, que suele traer consigo frío y un empeoramiento general del clima, nos encontramos ante la estación más dura para los coches... y la más propicia para las siempre temidas y costosas averías mecánicas.

A fin de cuentas, nuestro vehículo no solo debe enfrentarse a unas condiciones atmosféricas adversas, sino que también, suele estar parado unos días durante el periodo vacacional. Sin duda, un cóctel propicio para acabar afrontando unos días en el taller y una reparación con una buena factura.

Por eso, en este post hemos reunido los contratiempos más comunes (y también más temibles), para que los tengas en cuenta y puedas proteger un poco mejor a tu compañero de viaje.

Galería: Cinco consejos imprescindibles para conducir seguro en invierno

Sin lugar a dudas, la batería del coche es el elemento que más sufre con las bajas temperaturas. En este caso, aun si el coche duerme en un garaje, puede llegar a ser recomendable desconectarla, para evitar que se descargue. De lo contrario, es posible que tengas que llamar a la grúa... o incluso acabar cambiándola.

Ojo también con el alternador y la exigencia de los arranques en frío. En este sentido, en la medida de lo posible, sé suave en los trayectos cortos, que impiden alcanzar la temperatura de funcionamiento óptima, y no descuides el mantenimiento del lubricante y los filtros: ahora son más necesarios que nunca.

Protege tu coche mientras dure el estado de alarma

Dicho esto, las posibles averías en el motor es un factor que se puede solucionar con facilidad. ¿Cómo? Vigilando el nivel del líquido refrigerante-anticongelante, un fluido que se ha de sustituir de forma periódica (normalmente, cada 40.000 kilómetros o dos años).

En esta estación, tampoco ayudan elementos como el agua y la humedad, enemigos naturales de la centralita, y la sal sobre el pavimento, que no se lleva bien con la correa de distribución.

Protege tu coche mientras dure el estado de alarma

El exterior del coche también sufre y, en este sentido, los limpiaparabrisas pueden darnos un disgusto, ya que la goma de la escobilla puede 'pasarse' o romperse... y llevarnos una desagradable sorpresa cuando necesitemos recurrir a ellos. Una revisión rápida, de vez en cuando, no está nada mal. Además, su sustitución es rápida y sencilla.

Otro aspecto a vigilar son los neumáticos, que resultan aún más esenciales, en condiciones de baja adherencia, ya que circular con ellos en mal estado puede suponer algún un incidente grave. De ahí que sea esencial vigilar el dibujo y la presión y, si se va a circular en zonas donde la nieve y las heladas sean habituales, llevar cadenas o instalar neumáticos de invierno.

Protege tu coche mientras dure el estado de alarma

Otro elemento que sufre los rigores del frío son las juntas del habitáculo, cuya labor es garantizar la estanqueidad del vehículo; o lo que es lo mismo, que el agua no entre dentro del coche. Abre todas las puertas con frecuencia, para evitar que se adhieran, y vigila su estado. A fin de cuentas, es mejor detectar su desgaste temprano... antes que encontrarse con un charco en el habitáculo.

¿Algo más a cuidar? Los faros, sobre todo, en los coches que recurren a bombillas 'convencionales'. Echa un vistazo a que todo funcione correctamente, de vez en cuando, y asegúrate de llevar recambios a bordo.