Eran tiempos en los que casi todo estaba permitido...

Hubo un tiempo en el que las normativas de emisiones no eran un problema a la hora de lanzar un automóvil al mercado, como los años 70 y 80, en los que aparecieron coches realmente únicos.

En aquel momento, se podían superar los límites del diseño, de la potencia y del rendimiento, pero no todo este tipo de proyectos veían la luz.

Un ejemplo fue el BMW Serie 7 de altas prestaciones que el fabricante alemán tenía planeado lanzar en 1987, tomando como base el 750i con el código de fábrica E32.

Galería: BMW 750iL V16 Goldfish

El objetivo era desarrollar un vehículo de lujo, que incorporase un motor enorme y con el que poner contra las cuerdas a Mercedes-Benz.

El principal problema con el que se encontraron era el tamaño del bloque mecánico, por lo que tenían que buscar una solución lógica.

El resultado fue el concept 'Goldfish', también conocido como 'Secret Seven', un proyecto iniciado por el ingeniero Karlhienz Lange, quien posteriormente consiguió que se unieran a él Adolf Fischer y Hanns-Peter Weisbarth.

En la búsqueda de un automóvil muy rápido y que, a su vez, fuera cómodo, en apenas seis meses tenían un primer avance con un propulsor de gasolina V12, que modificaron para añadirle otros cuatro cilindros.

Así es como dieron lugar a un propulsor V16, de 6,7 litros de cubicaje, reforzado y con un sistema especial para la gestión del par motor, que en este caso era de 625 Nm. Una transmisión manual de seis velocidades se acoplaba a esta mecánica y transfería toda la fuerza al eje trasero.

La potencia total estaba cifrada en 414 CV y, en cuanto a las prestaciones, era capaz de acelerar de 0 a 96 km/h (60 mph) en 6,0 segundos y de alcanzar una velocidad punta de 282 km/h. Es decir, un automóvil muy rápido en la categoría que ocupaba, siempre recordando que estamos hablando de los años 80.

BMW 750iL V16 Goldfish

Para conseguir meter el sistema de refrigeración necesario, el BMW 750iL V16 era más largo que el de serie, que montaba la mecánica V12, ocupándose la parte de maletero, de la que partían las entradas de aire, a modo de branquias, terminadas en fibra de carbono.

Por desgracia, tras todo el trabajo que se había hecho, la preocupación por las excesivas emisiones del coche hizo que no se considerase apto para la producción en serie, por lo que todo quedó en este fantástico prototipo.