La empresa sudafricana pensó en un deportivo elegante, con componentes económicos, para no superar los 50.000 dólares.

Un superdeportivo africano es, sin duda, un valor añadido en el garaje de un rico coleccionista. No en vano, ¿cuántos modelos de altas prestaciones se han creado en ese continente? Los más ilustrados pueden recordar a Bailey Edwards Cars, un pequeño fabricante sudafricano especializado en réplicas, o a la compañía marroquí Laraki.

El Grupo Perana Performance, también procedente de Sudáfrica, creó un modelo en 2009, cuya fisonomía fue ideada por el carrocero italiano Zagato. Se llama Perana Z-One y esta es su historia.  

Galería: Perana Z-One

Para empezar, podemos decir que se trata de una verdadera rareza, sobre todo, si tenemos en cuenta que solo se fabricaron diez unidades, en lugar de las 999 inicialmente planteadas. 

Su línea es más bien clásica: la carrocería dibuja líneas suaves y detalles inspirados en los GT italianos de décadas pasadas. Esta imagen 'retro' queda patente en el frontal y la zaga elevada. No obstante, también guarda cierto parecido con el Alfa Romeo 8C Competizione, un modelo del siglo XXI.

Como es habitual en los modelos de Zagato, el techo presenta dos jorobas encima de los asientos, con el fin de otorgar unos centímetros extra de espacio al conductor y al pasajero. 

Al comienzo, este proyecto del Grupo Perana Performance resultó muy ambicioso. Las 999 unidades previstas no eran pocas para un coche prácticamente desconocido. Además, el objetivo era lograr que el precio por ejemplar no superara los 50.000 dólares. 

Bajo esta premisa, se desarrolló un chasis sencillo, recubierto por una carrocería de fibra de vidrio, que alcanzaba 4,41 metros de longitud y 1,92 de anchura. 

En total, el Perana Z-One tan solo sumaba 1.195 kilos en la báscula, con un reparto perfecto del peso: el 50% para cada eje. Para propulsar este vehículo, se eligió el motor 6.2 V8, de aspiración atmosférica y origen Chevrolet, con 446 CV. 

Todo parecía ir bien encaminado, pero la compañía africana se quedó sin fondos, lo que supuso la sentencia de muerte de un vehículo, que resultó aún más exclusivo de lo que inicialmente se preveía.