El copiloto catalán también ha sumado su segundo Dakar, ambos con Carlos Sainz, y reconoce que la tensión de los últimos días fue alta.

Córdoba (Argentina).- Siempre de hablar paciente. Sin levantar la voz. Como si estuviera concentrado en las palabras que va cantando cual notas escritas en su bloc. Lucas Cruz es la mano derecha de Sainz, el hacedor de este segundo Dakar de navegación y dunas.

El copiloto catalán ya sabía lo que era ganar la carrera más dura del mundo, después de hacerlo también con Sainz en 2010. Pero este segundo triunfo llegó en el Dakar más duro de cuantos se han celebrado en Sudamérica y con todas las complicaciones que Marc Coma y Xavi Colomé metieron en los roadbook desde el primer día.

Cruz ya advirtió de la mayor complejidad que tenía esta 40ª edición, sobre todo después de la prohibición de última hora de ASO de llevar mapas impresos a bordo de los coches.

Su copilotaje tiene mucho porcentaje de la victoria de este sábado con el Peugeot 3008 DKR Maxi. Pero él sigue con su mirada tímida y su sonrisa a medias.

Dakar 2018: Carlos Sainz y Lucas Cruz

“Han sido unos últimos días de tensión, porque eran con bastantes pistas y no debía haber problemas de navegación, pero sí que teníamos que estar atentos a la mecánica, a no desconcentrarnos y a poder llegar al final en la misma posición que partimos hace unos días”, aseguró tras llegar a meta.

“Esto, hasta que no llegas a casa, no empiezas a asimilarlo, pero estamos contentos”, contestó a la pregunta de Motorsport.com sobre si ya había asimilado el logro conseguido.

“Al final, es una victoria en una carrera muy dura y estoy contento con ello. La primera siempre es especial, pero esta tampoco ha estado nada mal”. “Nada mal” es un adjetivo bastante controlado, como Cruz, para definir el capítulo que él y Sainz han escrito en la Córdoba argentina este 2018.

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Fuente: Motorsport.com

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